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La Primavera de Manuela Carrión

 

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Una suave brisa de primavera
Recorre mis arterias y venas
Abriéndose como una flor
Entre los trigales verdes.

Primavera atrasada, clara resonancia
De amores extraordinarios ya pasados.

El tiempo nos funde en espacios
Como elementos sutiles y etéreos
Sinfonía milagrosa de sueños
Buscando la luz de tu alma,
Rayo vital que nos ciega.

Cuerpos que no conocen espacio
Ni tiempo, serenamente unidos
En un abrazo idealizado y eterno.

Cuando el tiempo se vuelva pasado
Y la luz aparezca entre los naranjos
Soñare dormida el resurgir de este amor
Como savia nueva de primavera.

 

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Manuela Carrión

 

Sol de invierno

   Solo y escondido se lamenta,

deja corazones a su paso,

el Sol de invierno no calienta,

el Sol de invierno es escaso.

 

Rayos lloran lágrimas sin lumbre

que a menudo abruman al sembrado

de este sol viejo y enfadado

maniatado a lejana cumbre.

 

Que altiva su trono reivindique

la belleza de la madre vida,

alce su camino y se dedique

a esperar la flor que no descuida.

 

A su llegada la tierra se viste,

baja empicada la primavera,

espera mujer, mujer espera

que ya se va el sol cansado y triste.

 

Con qué alegría viene la amiga,

marea al verano, otoño duela,

el nuevo Sol madura la espiga,

saca tu alma al calor jovenzuela.

 

El sol de invierno navega,

en penumbra a golpe de timón

en busca de un alma que no llega

al puerto de su corazón.

 

 

 

 

Flor-ka

 

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Feliz día a todas las mujeres

Decálogo de la Mujer LIBRE

Aceptarás que ser mujer es un privilegio, no una desventaja.
Tomarás una postura frente a la vida y la defenderás.
Decidirás por ti misma y no dejarás que los prejuicios te influyan.
No pedirás permiso, vivirás de acuerdos.
Entenderás la diferencia entre ceder como persona a aceptar por ser mujer.
No confundirás la ternura y la dulzura con la sumisión y el sacrificio.
Aceptarás que eres digna de aprecio y no te humillarás por que un hombre te trate con indiferencia.
Harás el amor solo por el hecho de sentir placer sin culpabilidad.
Concebirás a tus hijas/os porque los deseas, no porque los debas tener para ser mujer.
Conseguirás tus metas por tu inteligencia, no por tus atractivos femeninos.
¡¡¡Nadie es quien para hacerte pasar un mal rato!!!

¡¡¡Porque tú eres LIBRE!!!

 

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Dossier de Bruselas

Nota: el Dossier de Bruselas recoge las declaraciones de Arthur Rimbaud, Paul Verlaine y Madame Verlaine, madre de Verlaine, a partir de la violenta jornada del 10 de julio de 1873 en que la tempestuosa relación de los dos poetas acabó con Verlaine disparándole dos veces a Rimbaud.
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DECLARACIÓN DE RIMBAUD ANTE EL COMISARIO DE POLICÍA

 

10 de julio de 1873 (hacia las ocho de la tarde)

 

Desde hace un año vivo en Londres con el señor Verlaine. Vivíamos de ser corresponsales para los periódicos y dábamos clases de francés. Debido a que su compañía se me volvió imposible, manifesté mi deseo de volver a París. Hace cuatro días me dejó para irse a Bruselas y me envió un telegrama para que me uniera a él. Llegué dos días más tarde y me alojé en la casa de su madre., rue des Brasseurs nº 1. Cada vez que manifestaba mi deseo de volver a París, él me respondía:

Sí, tú vete y verás.

Esta mañana fue a buscar un revólver al pasaje de las Galerías Saint-Hubert que me mostró a su vuelta, a mediodía. Seguidamente fuimos a la Maison des Brasseurs en la Grand Place donde continuamos hablando de mi marcha. Cuando volvimos a nuestro alojamiento hacia las dos, cerró la puerta con llave, se sentó delante y después, tras cargar su revólver, disparó dos veces mientras decía:

¡Toma! ¡ya te enseñaré yo a quererte ir!

Estos disparos se hicieron a tres metros de distancia: el primero me hirió en la muñeca izquierda, el segundo no me alcanzó. Su madre, que estaba presente, me proporcionó los primeros auxilios. Fuimos seguidamente al hospital de Saint-Jean donde me vendaron. Me acompañaban Verlaine y su madre. Cuando terminaron de vendarme, volvimos los tres a la casa. Verlaine me repetía que no lo dejara, que me quedara con él; pero no quise hacerlo y partí a las siete de la tarde, acompañado por Verlaine y su madre. Cuando llegamos a los alrededores de la Place Rouppe, Verlaine se adelantó unos pasos y después se volvió hacia mí: vi cómo metía su mano en el bolsillo y cogía el revólver: di media vuelta y regresé sobre mis pasos. Encontré al agente de policía al que le hice saber lo que me había sucedido y que invitó a Verlaine a seguirlo a la comisaría.
Si éste último me hubiera dejado partir libremente, no lo habría denunciado por la herida que me hizo.

 

 

DECLARACIÓN DE MADAME VERLAINE AL COMISARIO DE POLICÍA

 

Desde hace dos años más o menos, el señor Rimbaud vive con nosotros a expensas de mi hijo, del que se queja por su carácter desabrido y malvado: lo conoció en París y después en Londres. Mi hijo vino a Bruselas hace cuatro días. Nada mas llegar, recibió una carta de Rimbaud en la que le pedía venir y unírsele. Respondió afirmativamente a través del telégrafo, y Rimbaud vino a alojarse con nosotros al cabo de dos días. Esa mañana, mi hijo, con la intención de viajar, se ha ido a comprar un revólver. Después del paseo regresaron a casa hacia las dos. Discutieron. Mi hijo cogió el revólver y disparó dos veces a su amigo Rimbaud: el primero le hirió en el brazo izquierdo, el segundo no le dio. No hemos podido encontrar las balas. Después de ser vendado en el hospital de Saint-Jean, Rimbaud manifestó su deseo de regresar a París y como no tenía dinero, le di veinte francos. Después fuimos a acompañarlo a la estación de Midi, cuando en un momento dado se dirigió a un policía para que detuviera a mi hijo, que no tenía ningún tipo de inquina contra él y que anteriormente sólo había actuado en un momento de extravío.

 

 

DECLARACIÓN DE VERLAINE AL COMISARIO DE POLICÍA

 

10 de julio de 1873

 

Llegué a Bruselas hace cuatro días, desgraciado y desesperado. Conozco a Rimbaud desde hace más de un año. Viví con él en Londres, ciudad que dejé para venir a vivir a Bruselas hace cuatro días, para poder estar más cerca de mis negocios después de que mi mujer, que se quiere separar, me acusara de tener relaciones inmorales con Rimbaud.

Escribí a mi mujer para decirle que si no venía a estar conmigo en los tres próximos días, me iba a pegar un tiro: es por eso que compré el revólver esta mañana en el pasaje de las Galeries Saint-Hubert con su funda y una caja de cartuchos por una suma de 23 francos.

Cuando llegué a Bruselas, recibí una carta de Rimbaud en la que me  preguntaba si podía venir a unírseme. Le envié un telegrama en el que le decía que lo esperaba: llegó hace dos días.

Hoy, debido a mi aspecto triste, decidió abandonarme. Me dio un ataque de locura y le disparé. No me denunció en ese momento. Fui junto a él y mi madre al hospital de Saint-Jean, para que lo vendaran y volvimos juntos. Rimbaud seguía empeñado en quererse ir. Mi madre le dio veinte francos para el viaje: y fue ahí, justo, cuando llegábamos a la estación, cuando se imaginó que yo quería matarlo.

 

 

INTERROGATORIO DE VERLAINE POR EL JUEZ INSTRUCTOR

 

Pregunta: ¿ha sido condenado alguna vez?

Respuesta: No. No sé qué pasó exactamente ayer. Había escrito a mi mujer que vive en París, para que viniera a unírseme. No me respondió. Por otro parte, un amigo, al que aprecio mucho, vino a unírseme a Bruselas, pero dos días más tarde decidió que quería dejarme para volver a Francia. Todo esto me hizo sumirme en la desesperación: compré un revólver con la intención de matarme. Cuando volvía a mi alojamiento, me peleé con este amigo: a pesar de todo lo que le decía, seguía queriendo marcharse. En mi delirio le disparé una bala que le hirió en la mano. Entonces dejé caer el revólver, pero al hacerlo el segundo tiro salió accidentalmente. Me vinieron entonces los mayores remordimientos que existen: mi madre y yo condujimos a Rimbaud al hospital para que lo vendaran: la herida no tenía importancia. A pesar de mi insistencia, persistía en su idea de regresar a Francia. Ayer por la tarde lo condujimos a la estación de Midi. Mientras lo hacía yo le seguía suplicando: llegué a ponerme delante de él para impedirle avanzar y le amenacé con pegarme un tiro. Quizá pensó que lo estaba amenazando a él, pero esa no era mi intención.

 

Pregunta: ¿cuál es la causa de que se encuentre en Bruselas?

Respuesta: esperaba que mi mujer viniera a unírseme tal y como había hecho precedentemente, antes de nuestra separación.

 

Pregunta: no entiendo cómo la marcha de un amigo haya podido desesperarle hasta ese punto. ¿Acaso existen entre vosotros otras relaciones que van más allá de la simple amistad?

Respuesta: no. Es una calumnia que mi mujer y su familia han inventado para molestarme. Me acusan de ello en la petición de separación que ha presentado mi mujer y en la que se basa todo el proceso.

 

Lectura hecha, persiste y firma.

P. Verlaine, Teniente T. Serstevens, C. Ligour

 

 

DECLARACIÓN DE RIMBAUD ANTE EL JUEZ INSTRUCTOR

 

12 de julio de 1873

 

Conocí hace dos años a Verlaine en París. El año pasado, tras una serie de peleas y desencuentros con su mujer y la familia de ella, me propuso irme con él al extranjero: teníamos que ganarnos la vida de un modo u otro ya que yo no poseo ningún tipo de fortuna personal y Verlaine sólo tiene el producto de su trabajo y el dinero que le da su madre. Vinimos juntos a Bruselas en julio del año pasado, y aquí estuvimos durante más o menos dos meses: pero tras comprobar que no podíamos hacer nada en esta ciudad, nos fuimos a Londers. Allí hemos vivido juntos hasta ahora: ocúpabamos el mismo alojamiento y todo era de los dos.

Debido a una discusión que tuvimos al comienzo de la última semana, discusión que nació de los reproches que le hacía por su indolencia y su manera de actuar delante de personas que los dos conocemos, Verlaine me dejó inopinadamente, sin decirme al lugar al que iba. Imaginé sin embargo que había ido a Bruselas, o que pasaría por allí ya que había cogido el barco hacia Amberes. Recibí de él una carta fechada en el mar, que os entregaré, en la que me anunciaba que iba a llamar a su mujer, y que si ella no respondía en tres días, él se mataría: me pedía que le escribiera a Bruselas. Le escribí en seguida dos cartas en las que le pedía que viniera a unírseme en Londres o que consintiera que yo fuera con él a Bruselas. Deseaba que volviéramos a estar juntos ya que no había ninguna razón de tener que estar separados.

Así que me marché a Londres y llegué a Bruselas el martes por la mañana y me uní a Verlaine. Su madre estaba con él. No tenía ningún proyecto determinado: no quería quedarme en Bruselas ya que temía que no habría ningún trabajo en la ciudad y yo, por mi parte, no quería regresar a Londres, tal y como él me había propuesto ya que nuestra marcha habría tenido que producir un efecto espantoso entre nuestros amigos; así que resolví regresar a París. Tan pronto Verlaine manifestaba el deseo de acompañarme para hacer justicia, como él decía, con su mujer y su familia; tan pronto se negaba a acompañarme ya que París le traía malos recuerdos. Sin embargo me insistía mucho para que me quedara con él: tan pronto se desesperaba, como al minuto siguiente se encolerizaba. Sus ideas iban y venían sin ninguna solución de continuidad. El miércoles por la noche, sin ninguna otra salida, se embriagó. El jueves por la mañana salió hacia las seis y no volvió hasta las doce de la mañana. Estaba de nuevo borracho. Me enseñó una pistola que había comprado y cuando le pregunté qué pretendía hacer con ella respondió riéndose: ¡es para ti, para mí, para todo el mundo! Estaba sobreexcitado.

Cuando estábamos juntos en nuestra habitación descendió todavía algunas veces para ir a beber licor: seguía empeñado en no dejarme ir a París. Mi voluntad era inquebrantable. Así que en un momento dado, cerró con llave la puerta del dormitorio que daba al rellano y se sentó en una silla que apoyó contra la puerta. Al principio yo estaba pegado a la pared de enfrente. Me dijo etonces: “toma esto, ya que te quieres ir” o algo por el estilo. Me apuntó con su pistola y disparó un tiro que me dio en la muñeca izquierda. Este primer tiro fue casi instantáneamente seguido de un segundo, pero esta vez el arma no me apuntaba a mí, sino al suelo.

Verlaine sintió en seguida una enorme desesperanza por lo que había hecho. Se precipitó a la habitación contigua ocupada por su madre y se arrojó sobre la cama. Estaba como loco: cogió la pistola entre sus dos manos y apuntándose, me pidió que le disparara. Su actitud era la de aquel que siente un profundo arrepentimiento por lo que acaba de hacer.

Hacia las cinco de la tarde, su madre y él me condujeron aquí para que me vendaran. De vuelta al hotel,Verlaine y su madre me propusieron que me quedara con ellos para que me cuidaran o bien que regresara al hospital para que terminara de curarme. La herida me parecía poco grave y seguía manifestando mi interés de ir esa misma tarde a Francia, a Charleville, con mi madre. Esta noticia volvió a precipitar a Verlaine a la desesperanza. Su madre me dio veinte francos para el viaje y salieron conmigo para acompañarme a la estación de Midi Verlaine estaba como loco. Hizo todo lo posible para retenerme. Por otra parte llevaba todo el rato la mano en el bolsillo donde guadaba la pistola. Cuando llegamos a la plaza Rouppe se adelantó unos pasos y después se volvió sobre mí: su actitud me hizo temer que se prestaba a nuevos excesos, así que me di la vuelta y salí corriendo. Es en ese momento cuando pedí a un policía que lo detuviera.

La bala que me hirió la mano todavía no ha sido extraída, el doctor me ha dicho que no podrán hacerlo hasta dentro de dos o tres días.

 

Pregunta: ¿de que vivíais en Londres?

Respuesta: principalmente del dinero que Madame Verlaine enviaba a su hijo. Dábamos también lecciones de francés, pero estas lecciones no nos proporcionaban gran cosa, más o menos doce francos por semana.

 

Pregunta: ¿conocía los problemas y los motivos de peleas entre Verlaine y su mujer?

Respuesta: Verlaine no quería que su mujer continuara viviendo con su padre.

 

Pregunta: ¿no invoca ella también el daño que le produce su intimidad con Verlaine?

Respuesta: sí, ella ha llegado a acusarnos de relaciones inmorales: pero no me voy a tomar la molestia de desmentir semejantes calumnias.

 

Lectura hecha, persiste y firma

A. Rimbaud, Teniente T. Serstevens, C. Ligour.

 

 

NUEVO INTERROGATORIO DE VERLAINE

 

18 de julio de 1873

 

No puedo decir más sobre el móvil del atentado que cometí sobre Rimbaud de lo que ya dije en la primera ocasión. Me encontraba totalmente borracho, estaba fuera de mí. Es cierto que, siguiendo los consejos de mi amigo Mourot, renuncié por un momento a mi proyecto de suicidio: había decidido enrolarme como voluntario en el ejército español, pero tras un intento que hice en la embajada española que no funcionó, volvió la idea de suicidarme. Fue con esta disposición del alma, que la mañana del jueves compré el revólver. Cargué mi arma en una cafetería de la calle des Chartreux: había ido a esta calle a visitar a un amigo.

No me acuerdo de haber tenido con Rimbaud una pelea irritante que pudiera explicar el acto del que se me acusa. Mi madre, a la que he visto después de mi arresto, me ha dicho que había considerado el volver a París para hacer una última tentativa de reconciliación con mi mujer y que deseaba que Rimbaud no me acompañaba: pero personalmente no tengo ningún recuerdo de esto. Del resto, mientras los días que precedieron al atentado, mis ideas no tienen ni pies ni cabeza y les falta lógica.

Si había llamado a Rimbaud por telegrama no fue para que volviera a vivir de nuevo conmigo; cuando envié el telegrama tenía como propósito entrar en el ejército español. Era más bien para decirle adiós.

Me acuerdo de que la tarde del jueves, me esforcé en retener a Rimbaud en Bruselas. Pero, cuando lo hacía, obedecía a sentimientos de pena y deseo que pretendían atestiguarle que el acto que había cometido no había sido a propósito. Esperaba por otra parte que se hubiera curado completamente de su herida antes de regresar a Francia.

 

Lectura hecha, persiste y firma

 

P. Verlaine, Teniente T. Serstevens, C. Ligour

 

 

NUEVO TESTIMONIO DE RIMBAUD

 

18 de julio de 1873

 

Persisto en las declaraciones que ya os he hecho anteriormente; es decir, que antes de dispararme con el revolver, Verlaine había intentado retenerme por todos los medios posibles. Es cierto que en un momento dado manifestó su intención d volver a París para hacer otra tentativa de reconciliación con su mujer, y que pretendió impedirme que lo acompañara; pero cambiaba de idea a cada instante, y no se quedaba con ningún proyecto. Tampoco puedo encontrar ningún móvil serio para que cometiera ese atentado contra mí. Por lo demás su razón estaba totalmente atrofiada: se encontraba borracho, había bebido por la mañana, que por otro lado suele hacer cuando no tiene otra cosa entre manos.

Ayer me extrajeron la bala de revólver que me hirió: el médico me ha dicho que en tres o cuatro días la herida se me habrá curado.

Cuento con volver a Francia, con mi madre, que vive en Charleville.

 

Lectura hecha, presiste y firma

 

Rimbaud, Teniente T. Serstevens, C. Ligour

 

 

ACTO DE RENUNCIA DE RIMBAUD

 

Sábado 19 de julio de 1873

 

Yo, el abajo firmante, Arthur Rimbaud, 19 años, hombre de letras, que vive normalmente en Charleville (Ardenas, Francia) declara en honor a la verdad, que el jueves 10 del mes en vigor, hacia las dos, en el momento en el que Sr. Paul Verlaine en la habitación de su madre, me disparó con un revólver hiriéndome ligeramente en la muñeca izquierda. Sr. Verlaine se encontraba en un punto tal de ebriedad que no era consciente de su acción.

Estoy totalmente seguro que cuando compró esta arma, Sr. Verlaine no albergaba ninguna intención hostil contra mí y que no había ninguna premeditación criminal en el acto de cerrar la puerta con llave.

Además de que la ebriedad de Sr. Verlaine se debía únicamente a los problemas con Madame de Verlaine, su mujer.

Dejo constancia aquí de mi renuncia voluntaria de toda acción criminal, correccional y civil y desisto a todos los beneficios que la persecución del Ministerio Público contra Paul Verlaine pudieran lograr.

 

Rimbaud

Fuente: laperiodicarevisiondominical

 

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Simbolismo. Arthur Rimbaud. El "poeta maldito" de Verlaine

 

BARCO EBRIO

 

Yo sentí al descender los impasibles Ríos

que ya no me sirgaban mis conductores rudos;

de blanco a pieles-rojas chillones y bravíos

sirvieron en los postes, clavados y desnudos.

 

Por las tripulaciones nunca tuve interés

y cuando terminó la cruel algarabía,

a mí, barco de trigo y de algodón inglés,

me dejaron los Ríos ir adonde quería.

 

Bogué en un cabrilleante furor de marejadas

más sordo e insensible que meollo de infantes

y las viejas Penínsulas por el mar desgajadas

no han sufrido vaivenes más recios y triunfantes.

 

La tempestad bendijo mi despertar marino.

Diez noches he bailado más leve que un tapón

sobre olas que a las víctimas abrían el camino,

sin lamentar la necia mirada de un farón.

 

Cual para el niño poma modorra, regodeo

fue para el agua verde este casco de pino;

dispersando el timón y perdiendo el arpeo

me lavó de inmundicias y de manchas de vino.

 

Desde entonces me baña el poema del mar

lactascente, infundido de astros; muchas veces,

devorando lo azul, en él se va pasar

un pensativo ahogado de turbias palideces.

 

Algo tiñe la azul inmensidad y delira

en ritmos lentos, bajo el diurno resplandor.

Más fuerte que el alcohol, más vasta que una lira

fermenta la amargura de las pecas de amor.

 

He visto las resacas, la tormenta sonora,

las corrientes, las mangas -y de todo sé el nombre-;

cual vuelo de palomas a la exaltada aurora,

y alguna vez he visto lo que cree ver el hombre.

 

Yo he visto al sol manchado de místicos horrores,

alumbrando cuajados violáceos sedimentos.

Cual en dramas remotos los reflujos actores

lanzaban en un vuelo sus estremecimientos.

 

Soñé en la noche verde de espuma y nieve ahita

-en los ojos del mar, lentos besos de amor

y en la circulación de la savia inaudita

que arrastra áureo y azul, al fósforo cantor.

 

Asaltando arrecifes, un mes tras otro mes,

seguí a la marejada histérica y vesánica,

sin creer que las Marías con sus fúlgidos pies

cortaran el resuello a la jeta oceánica.

 

¡No sabéis... ! Dí con muchas increíbles Floridas,

con ojos de panteras y con pieles humanas

mezclábanse arcos-iris, tendidos como bridas,

al rebaño marino de las verdosas lanas.

 

He visto fermentar las enormes lagunas

en cuyas espadañas se pudre un Leviathán

y he visto, con bonanza, desplomándose algunas

cataratas remotas que a los abismos van...

 

Vi el sol de plata, el nácar del mar, el cielo ardiente,

horrores encallados en las pardas bahías

y mucha retorcida y gigante serpiente

cayendo de los árboles, con fragancias sombrías.

 

Quisiera yo enseñar a un niño esas doradas

de la onda azul. pescados cantores, rutilantes...

Me bandijo la espuma al salir de las radas

y el inefable viento me elevó por instantes...

 

Fui mártir de los polos y las zonas hastiado,

el sollozo del mar dulcificó mi arfada;

con flores amarillas ventosas fui obsequiado,

y me quedé como una mujer arrodillada.

 

Igual que una península llevaba las disputas

y el fimo de chillonas aves de ojos melados,

y mientras yo bogaba, de entre jarcias enjutas

bajaban a dormir, de espaldas, los ahogados.

 

Y yo, barco perdido entre la cabellera

de ensenadas, al éter echado por la racha,

no merecí el remolque de anseáticas veleras

ni de los monitores, nave de agua borracha.

 

Humeante, libre, ornado de neblinas violetas

segué el cielo rojizo con brío de segur

llevando -almíbar grato a los buenos poetas

mis líquenes de sol y mis mocos de azur.

 

Las lúnulas eléctricas me fueron recubriendo,

almadía, escoltada por negros hipocampos.

Las ardientes canículas golpearon abatiendo

en trombas, a los cielos de ultramarinos lampos.

 

Yo que temblé al oír a través latitudes

el rugir de los Behemots y los Maelstroms en celo,

eterno navegante de azuladas quietudes,

por los muelles de Europa ahora estoy sin consuelo.

 

Yo vi los archipiélagos siderales que el hondo

y delirante cielo abren al bogador.

¿Te recoges tú y duermes en las noches sin fondo,

millón de aves de oro, venidero Vigor?

 

El acre amor me ha henchido de embriagador letargo.

Lloré mucho. Las albas son siempre lacerantes.

Toda luna es atroz y todo sol amargo.

¡Que se rompa mi quilla y vaya al mar cuanto antes!

 

Si yo ansío algún agua de Europa es la del charco

negro y frío en el cual, al caer la tarde rosa,

en cuclillas y triste, un niño suelta un barco

endeble y delicado como una mariposa.

 

Ya nunca más podré, olas acariciantes,

aventajar a otros transportes de algodón,

ni cruzando el orgullo de banderas flameantes

nadar junto a los ojos horribles de un pontón.

 

 

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Poema en verso de cien líneas escrito a los diecisiete años en el verano de 1871 en la casa de su niñez en Charleville al norte de Francia.

Compuesto por veinticinco estrofas de cuatro versos alejandrinos con un esquema de rima ABAB.

Poesía española de posguerra III

Despedida del mar

Por más que intente al despedirme
guardarte entero en mi recinto
de soledad, por más que quiera
beber tus ojos infinitos,
tus largas tardes plateadas,
tu vasto gesto, gris y frío,
sé que al volver a tus orillas
nos sentiremos muy distintos.
Nunca jamás volveré a verte
con estos ojos que hoy te miro.

Este perfume de manzanas,
¿de dónde viene? ¡Oh sueño mío,
mar mío! ¡Fúndeme, despójame
de mi carne, de mi vestido
mortal! ¡Olvídame en la arena,
y sea yo también un hijo
más, un caudal de agua serena
que vuelve a ti, a su salino
nacimiento, a vivir tu vida
como el más triste de los ríos!

Ramos frescos de espuma... Barcas
soñolientas y vagas... Niños
rebañando la miel poniente
del sol... ¡Qué nuevo y fresco y limpio
el mundo...! Nace cada día
del mar, recorre los caminos
que rodean mi alma, y corre
a esconderse bajo el sombrío,
lúgubre aceite de la noche;
vuelve a su origen y principio.

¡Y que ahora tenga que dejarte
para emprender otro camino!...

Por más que intente al despedirme
llevar tu imagen, mar, conmigo;
por más que quiera traspasarte,
fijarte, exacto, en mis sentidos;
por más que busque tus cadenas
para negarme a mi destino,
yo sé que pronto estará rota
tu malla gris de tenues hilos.
Nunca jamás volveré a verte
con estos ojos que hoy te miro.

De "Tierra sin nosotros" 1947

 

 

 

 

 

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Para un esteta

 

 

Tú que hueles la flor de la bella palabra

acaso no comprendas las mías sin aroma.

 

Tú que buscas el agua que corre transparente

no has de beber mis aguas rojas.

 

Tú que sigues el vuelo de la belleza, acaso

nunca jamás pensaste cómo la muerte ronda

ni cómo vida y muerte (agua y fuego) hermanadas

van socavando nuestra roca.

 

Perfección de la vida que nos talla y dispone

para la perfección de la muerte remota.

Y lo demás, palabras, palabras y palabras,

¡ay, palabras maravillosas!

 

Tú que bebes el vino en la copa de plata

no sabes el camino de la fuente que brota

en la piedra. No sacias tu sed en su agua pura

con tus dos manos como copa.

 

Lo has olvidado todo porque lo sabes todo.

 

Te crees dueño, no hermano menor de cuanto nombras.

Y olvidas las raíces («Mi Obra», dices), olvidas

que vida y muerte son tu obra.

 

No has venido a la tierra a poner diques y orden

en el maravilloso desorden de las cosas.

 

Has venido a nombrarlas, a comulgar con ellas

sin alzar vallas a su gloria.

 

Nada te pertenece. Todo es afluente, arroyo.

 

Sus aguas en tu cauce temporal desembocan.

 

 

Y hechos un solo río os vertéis en el mar,

«que es el morir», dicen las coplas.

 

No has venido a poner orden, dique. Has venido

a hacer moler la muela con tu agua transitoria.

 

Tu fin no está en ti mismo («Mi Obra», dices), olvidas

que vida y muerte son tu obra.

 

Y que el cantar que hoy cantas será apagado un día

por la música de otras olas.

 

De "Quinta del 42" 1952 

 

 

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Raíces de amor

Querido y distinguido amigo Leo:

 

No sabrás que me ha sido encomendado

 

un ecuánime trabajo, que no creo

 

se acerque la resulta hasta tu agrado,

 

aunque en tus misivas requirieras

 

un texto por mi puño rubricado.

 

En aquel tiempo no fuimos de veras,

 

por ser la adolescencia un trampantojo,

 

lo que hoy seríamos si tú quisieras.

 

Y aún con las palabras más me enojo,

 

por tener que medir con pie plomizo

 

aquellas que para lo dicho escojo.

 

Supongo que avisó, y así lo hizo

 

el ave que escapaba en la canción,

 

emancipándose del cobertizo

 

para volar, libre y alto, al son

 

de un acorde mucho más ameno

 

que no es, sino del mismo corazón;

 

más puro todavía que el veneno.

 

Quien tanto gusto tuvo en conocerte

 

se va como “el guardián entre el centeno.”

 

 

Flor-ka

 
El efecto Sylvia Plath

 

 

SYLVIA.bmpCuando alguien piensa en conceptos como “creatividad” y “genio”, no resulta muy extraño que le vengan a la mente una serie de estereotipos como el del artista perturbado, maldito e incomprendido por la sociedad o el del famoso científico loco que pasas sus noches en un sótano realizando experimentos. Quizás podamos agradecer a una infinidad de películas y obras de ficción por esto. Pero ¿qué tan apegada a la realidad es esta relación de imágenes? La respuesta es: demasiado, de acuerdo con cualquiera que haya leído una enciclopedia entera.

La lista de creativos con peculiaridades mentales es alarmantemente extensa. Incluye a todo tipo de individuos provenientes de diferentes eras, desde Sócrates hasta Edgar Allan Poe, desde Francisco de Goya hasta Syd Barrett. Pareciera que la creatividad y la salud mental van de la mano. La hija del irlandés James Joyce, aquel ebrio modernista que escribió un libro de 676 páginas con cientos de palabras inventadas, nació con esquizofrenia. Lo mismo sucedió con el hijo del físico favorito de todos, Albert Einstein.

La relación es clara y creencias sobre ésta han existido a lo largo de nuestra historia, pero tratemos de encontrar patrones más específicos: En su libro The Price of Greatness el psiquiatra Arnold M. Ludwig, profesor en la Universidad de Kentucky, afirma que los creativos involucrados en campos artísticos tienen una mayor tendencia a trastornos mentales que aquellos enfocados a otros ámbitos como la ciencia y la tecnología.

Hay
quienes no se detienen con eso: Aquí entra el psicólogo estadounidense James C. Kaufman, autor de numerosos estudios sobre la creatividad y sus implicaciones, pues en 2001 acuñó la teoría del llamado “Efecto Sylvia Plath”, nombrado así por la poetisa americana, quien a los treinta años de edad decidió ponerle fin a su vida.

De acuerdo con este estudio de nuestro amigo Kaufman, en donde se estudiaron los casos de 1,987 escritores de diversas nacionalidades, los poetas son más propensos a morir jóvenes que cualquier otro tipo de escritores. Dramaturgos, novelistas, biógrafos, cuentistas, historiadores, todos se quedan atrás frente a la sombría aura de la poesía.

Más
aún: el psicólogo americano sostiene que entre todos estos poetas dolientes, las mujeres son aún más vulnerables a las confusas garras de las enfermedades mentales.

Nada muy lejos de los estereotipos mencionados en el primer párrafo. Es una realidad, triste y poética como los grandes poemas de Sylvia Plath, Anna Sexton, Alejandra Pizarnik, Sara Teasdale y Alfonsina Storni, entre otras. Las poetas malditas se llevan el puesto, alimentando a la famosa imagen del artista desequilibrado y trastornado. Oh, bellas condenadas por su grandeza... respiren profundo y cuenten hasta diez.

 

 

Últimas palabras

 

No quiero una simple caja, quiero un sarcófago

con rayas de tigre, y una cara redonda

como la luna para poder contemplar.

Quiero estar mirándolos cuando vengan

recogiendo los tontos minerales y las raíces.

Ya los veo - las caras pálidas, lejanas como estrellas.

Ahora no son nada, ni siquiera bebés.

Me los imagino sin padre ni madre, como los primeros dioses.

Se van a preguntar si fui importante.

¡Tendría que azucarar y conservar mis días como frutas!

Mi espejo está empañándose --

Unas pocas respiraciones, y no reflejará nada más.

Las flores y los rostros blanquean como sábanas.

 

No confío en el espíritu. Se escapa en sueños

como vapor, a través de la boca o del ojo. No puedo detenerlo.

Un día no volverá. Las cosas no son así.

Se quedan, sus brillitos especiales

se calientan de tanto uso. Casi ronronean.

Cuando se me enfríen las plantas de los pies,

el ojo azul de mi turquesa me consolará.

Déjenme llevar mis ollas de cobre, dejen que mis potes de rouge

florezcan sobre mí como flores nocturnas, perfumadas.

Me van a envolver en vendas, van a guardar mi corazón

bajo mis pies en un paquete prolijo.

Difícilmente me reconoceré. Va a estar oscuro,

y el brillo de estas pequeñas cosas será más dulce que la cara de Ishtar.

SYLVIA2.jpg

Que muero porque no muero
La vida, tan corta,
se me hace larga.
 
No se si quiero.
 
No se si puedo.
 
Querer es poder,
y vivir es ir muriendo.
 
Yo solo se
“que muero porque no muero"
 

Flor-ka

 
 
 
    Vivo sin vivir en mí
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  Vivo sin vivir en mí,
y tan alta vida espero,
que muero porque no muero.
 
  Vivo ya fuera de mí
después que muero de amor;           5
porque vivo en el Señor,
que me quiso para sí;
cuando el corazón le di
puse en él este letrero:
que muero porque no muero.           10
 
  Esta divina prisión
del amor con que yo vivo
ha hecho a Dios mi cautivo,
y libre mi corazón;
y causa en mí tal pasión             15
ver a Dios mi prisionero,
que muero porque no muero.
 
  ¡Ay, qué larga es esta vida!
¡Qué duros estos destierros,
esta cárcel, estos hierros           20
en que el alma está metida!
Sólo esperar la salida
me causa dolor tan fiero,
que muero porque no muero.           
 
  ¡Ay, qué vida tan amarga           25
do no se goza el Señor!
Porque si es dulce el amor,
no lo es la esperanza larga.
Quíteme Dios esta carga,
más pesada que el acero,             30
que muero porque no muero.
 
  Sólo con la confianza
vivo de que he de morir,
porque muriendo, el vivir
me asegura mi esperanza.             35
Muerte do el vivir se alcanza,
no te tardes, que te espero,
que muero porque no muero.
 
  Mira que el amor es fuerte,
vida, no me seas molesta;            40
mira que sólo te resta,
para ganarte, perderte.
Venga ya la dulce muerte,
el morir venga ligero,
que muero porque no muero.           45
 
  Aquella vida de arriba
es la vida verdadera;
hasta que esta vida muera,
no se goza estando viva.
Muerte, no me seas esquiva;          50
viva muriendo primero,
que muero porque no muero.
 
  Vida, ¿qué puedo yo darle
a mi Dios, que vive en mí,
si no es el perderte a ti            55
para mejor a Él gozarle?
Quiero muriendo alcanzarle,
pues tanto a mi Amado quiero,
que muero porque no muero.
 
Santa Teresa de Ávila
(1515-1582)
 
 
 
 
Sílabas:  Ocho en cada verso;
 
 
Rima:  Rima perfecta

 

¡Cuántos hombres del mar, oh, cuántos capitanes!

 

TRISTAN COBIERE.jpg

 

Tristan Corbière era un bretón, un marino y el desdeñoso por excelencia, caudal triple. Era un bretón sin asomo de práctica católica, pero creyente endiablado. Nada tenía de marinero ni de militar, menos aún de mercader; tan sólo, furioso amante del mar, era el jinete de su excesivo ímpetu, y en la más briosa de las grupas montaba en horas de tormenta.

 

(Cuéntanse de él prodigios de loca imprudencia.) Despreciaba el Éxito y la Gloria hasta el punto de aparentar retarles, y creía eran imbéciles en cuanto al poder de moverle a compasión, tan sólo fuera un instante.

 

Dejemos al hombre que tan alto estuvo, y hablemos del poeta.

Como rimador y prosista, nada tiene de impecable, es decir, de abrumador y cargante. Ninguno de los Grandes como él ha sido impecable, desde Homero, que dormita a veces, hasta Goethe, el muy humano (digan lo que quieran), pasando por Shakespeare, algo más que irregular... Los impecables son Fulano y Zutano. Tarugos y leños.

 

Corbière era un ser de carne y hueso. Así como suena. Sus versos viven, ríen, lloran poco, se mofan a las mil maravillas y se chancean aún mejor. Además es salobre y amargo como su muy querido Océano, y a diferencia de este su turbulento amigo, no breza a ningún momento, sino que revuelve siempre los rayos del sol,

los de la luna y los de estrellas en la fosforescencia de la marejada y de las enfurecidas olas.

Llegó un momento en que se hizo hombre de París, pero sin espíritu sucio y mezquino. ¡Hipos, vómitos, ironía feroz y rozagante, conversión de la fiebre y de la bilis, exasperadas en genio, alegría suprema e inverosímil!

Paul Verlaine “Los poetas malditos”

 

EL FIN

¡Cuántos hombres del mar, oh, cuántos capitanes!

VICTOR HUGO.

Todos –los capitanes como los marineros–

para siempre en el grande Océano han caído.

Se fueron inconscientes según sus derroteros

y han muerto –exactamente como habían partido.

Tal es su oficio que han muerto con las botas

puestas, en sus capotes envueltos, y unas gotas

de aguardiente en el alma. Mas la Desnarigadano

se acuesta con ellos; es más bien su criada.

No son muertos. Enteros van en las olas rotas

bajo la turbonada.

¿Se parece a la muerte un turbión? El velamen

batido por el agua: Tal es cabecear...

y si la arboladura a las olas que braman

azota derribada: Eso es zozobrar...

Analizad el término zozobrar... Vuestra “Muerte”

es muy poquita cosa bajo el temporal fuerte.

Perdón por no llorar

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Hola amigo, ¿qué tal?

 

Aquí todo sigue igual,

las mismas promesas incumplidas,

las mismas batallas perdidas,

y esa hoguera sin ascuas.

 

Hago balance de la última década,

resto a lo bueno lo malo,

y sale tiempo perdido.

 

Me siento como el poeta,

cuando interrumpe el timbre,

y se le escapa de las manos ese verso

que sabe no volverá.

 

Te echo de menos amigo,

si al menos supiera

donde enviarte esta carta

que nunca leerás….

 

Flor-ka

Suicidios Ejemplares
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Artículo I. ¿Empieza la libertad tras la muerte?

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Diario de Burgos Digital

Vivir 23/05/2011

diariodeburgos.es

R. Pérez Barredo | Burgos

 

 

 

Vendrá la muerte y tendrá tus ojos/ esta muerte que

nos acompaña desde el alba a la noche/, insomne,

sorda, como un viejo remordimiento o un absurdo

defecto.

 

Son versos premonitorios de Cesare Pavese, uno de los muchos poetas suicidas de la historia de la literatura. Una galería por la que desfilan autores como Heinrich von Kleist, Sylvia Plath, Maiakoski,

Ganivet... Una lista sorprendentemente larga. O no tanto. Al menos así lo afirma Luis Mínguez Martín, psiquiatra de 46 años que acaba de presentar en la Universidad de Burgos una tesis doctoral de lo más

interesante: Poesía, melancolía y suicidio: estudio patobiográfico comparativo entre poetas que murieron por suicidio y que no se suicidaron e influencia de la poesía como posible factor de riesgo

autolítico. Un estudio que pone de manifiesto una realidad: que la relación entre poesía, trastorno mental y suicidio es «estrecha y frecuente».Mínguez ha tomado como referencia los últimos 250

años de la historia de la literatura y ha realizado un estudio comparativo con las biografías de 132 creadores de diferente sexo, nacionalidad y edad, la mitad de ellos suicidas. Con todos los datos posibles sobre la infancia de los autores y sus núcleos familiares (donde pueden haberse dado traumas); sobre si habían sido diagnosticados de alguna enfermedad psiquiátrica o padecido alguna física;

sobre el consumo de drogas; sobre su obra; sobre sus relaciones sociales; sobre sus creencias religiosas; sobre su situación económica... se realizaron los diagnósticos, alcanzado conclusiones

reveladoras.«Efectivamente, hay una relación entre poesía, enfermedad mental y suicidio. En la mayor parte de los poetas que se quitaron la vida había más enfermedades mentales y trastornos de personalidad. Es el factor de riesgo más repetido. Pero hay otros, como el consumo de tóxicos, las pérdidas parentales o el fracaso sentimental», explica Mínguez. La edad media de los suicidas es baja: apenas 40 años. Todos ellos tenían otros denominadores comunes: no solían tener pareja estable; no tenían hijos; su red social era más bien reducida; y sus creencias religiosas eran nulas, toda vez que en su mayoría se trataba de agnósticos y ateos.

La precariedad económica y la vida bohemia, explica Mínguez, era frecuente en los suicidas. «Los poetas que no se suicidaron tenían un reconocimiento social más amplio», subraya.

Asimismo, el estudio ha desvelado que los artistas que se quitaron la vida pertenecían a movimientos literarios más centrados en temas más personales e intimistas que sociales: Romanticismo, Modernismo, vanguardias y Existencialismo especialmente. «Sin embargo, en los movimientos literarios más centrados en lo social, en la idea de cambiar el mundo, apenas se dan casos. Aunque no se pueden establecer hipótesis causales de esta lectura», apostilla, porque es la melancolía, esto es, la depresión, ese trastorno del estado de ánimo, la causa principal de los suicidios.

Destaca Mínguez el caso de Plath, que padecía trastorno bipolar con fases depresivas y maniacas y que se quitó la vida en uno de estos momentos, desencadenado por un fracaso sentimental. Buceando en las biografías, Míguez ha conseguido establecer paralelismos entre creatividad y enfermedad mental. «Además, las fases depresivas acercan a dimensiones muy profundas de la mente. La creatividad es muy difícil de definir. Hay dos requisitos fundamentales: un determinado nivel de inteligencia y factores de personalidad». Conclusiones:

 

-La relación entre poesía, enfermedad mental y suicidio es estrecha y frecuente.

 

-Los poetas suicidas sufren muchas veces pérdida de los padres y acontecimientos traumáticos durante la infancia.

 

-Mueren a una edad joven o al inicio de la madurez.

 

-Habitualmente carecen de pareja estable e hijos, su red social es insuficiente y no suelen tener creencias religiosas.

 

-Con frecuencia no poseen trabajo fijo ni una economía boyante y llevan una vida bohemia.

 

-Su reconocimiento profesional en vida es escaso y pertenecen a movimientos literarios centrados en lo personal (Romanticismo, Modernismo, Vanguardismos y Existencialismo).

 

-Suelen padecer algún trastorno mental y han llevado a cabo tentativas de suicidio previas. Las enfermedades más habituales son la depresión y las toxicomanías.

 

-El fracaso sentimental es el desencadenante del suicidio más frecuente, la época más habitual es el otoño y los métodos más utilizados son las armas de fuego y la intoxicación por fármacos.

 

-Aunque la muerte es generalmente anticipada en la obra del poeta, las amenazas autolíticas previas no son muy comunes.

 

-La enfermedad mental es con diferencia el factor de riesgo con mayor capacidad predictiva del suicidio.

 

 

* No os perdáis los  próximos artículos sobre este apasionante tema.

Hola 2012

Un nuevo año,

nueva ilusión,

nuevos amores

del corazón.

 

Nuevas etapas

por descubrir,

nuevos colores

para elegir.

 

Viejas canciones

para escuchar,

Viejos amigos

con quien llorar.

 

Nuevos proyectos.

Nuevos caminos.

Nuevos eventos.

Nuevos destinos.

 

Viejos poemas

salen del alma

dales la mano

nunca la espalda.

 

Solo deseo…

 

Que el nuevo año

nos traiga calma.

 

 

Flor-ka

Aún eres mío, porque no te tuve...

Antonio Gala, Premio Quijote de Honor 2011 a toda una vida

 

"Comprendo que los moribundos atraigamos a los premios"

 

 

“le pido al 2012 no vivirlo entero”

 

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Aún eres mío, porque no te tuve.
Cuánto tardan, sin ti,
las olas en pasar...

Cuando el amor comienza, hay un momento
en que Dios se sorprende
de haber urdido algo tan hermoso.
Entonces, se inaugura
-entre el fulgor y el júbilo-
el mundo nuevamente,
y pedir lo imposible
no es pedir demasiado.

Fue a la vera del mar, a medianoche.
Supe que estaba Dios,
y que la arena y tú
y el mar y yo y la luna
éramos Dios. Y lo adoré.

 

 

No es santo de mi devoción pero con estas perlas que suelta se merece un post.

Pero cae la hora de la venganza y te amo.

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SABED

Sabed que el hombre que me ama

entre miserias terrenales vive,

que me recibe

como a propio dolor sobre su cama.

 

Sabed que mis amigos

se me van todos muertos de las manos,

que tengo lejos los hermanos

y cerca unos mendigos.

 

Sabed que veo

como se gastan lentamente

mi madre azul, ya sin deseo,

el oro con que caigo de la frente.

 

Sabed que con la vida riño

y soy su garabato;

que en vez de amamantar a un niño

le he dado de comer a un gato.

 

Sabed que quise ser

la madre misma de la tierra

y sólo soy la noche que se cierra

y sólo soy una mujer.

 

Sabed que están conmigo

las trampas y los tósigos más fieles,

que no me alcanzan los papeles

para llorar esto que digo.

 

 

 

 

 

Antología Personal

Carilda Oliver Labra, 2004

 

Premio Nacional de Literatura en 1997. En su vasta obra sobresalen los poemarios Al sur de mi garganta (1949, Premio Nacional de Poesía 1950), Memoria de la fiebre (1958), Tú eres mañana (decimario, 1979),  Las sílabas y el tiempo (1983), Desaparece el polvo (1984), Sonetos (1990), Se me ha perdido un hombre (1991), entre otros.

Nota de Prensa

El poeta chileno Nicanor Parra recibe el Premio Cervantes 2011, como reconocimiento a toda su trayectoria poética

Catedrático de de Matemáticas y Física, supo compaginar desde siempre sus quehaceres académicos con su producción literaria. Cofundador de la Revista Nueva, ocasional cultivador del cuento y del ensayo, es, sobre todo, poeta. Inicialmente evocativo y sentimental en Cancionero sin nombre (1937), más tarde adoptó en definitiva la línea que él mismo denomina "antipoesía", revelación irónica e iconoclasta de un mundo problemático, hecha en lenguaje antirretórico, coloquial, a menudo sorprendente. Esta renovación de proyecciones internacionales, comienza en Poemas y antipoemas (1954) y se prolonga en una docena de obras más. ¡ Enhorabuena!


Poesía española de posguerra II

Obviamente, lo primero que se nota, al acabar la guerra en el año 39, son las bajas de escritores, entre exilios y asesinatos.

Hay dos tipos, vencedores y vencidos.

Los fachas se decantan por una poesía arraigada, que de tanto buscar la perfección se les enfría, se inspiran en los clásicos pero el resultado no es igual.

Los rojos escriben al desarraigo. Tienen miedo, la censura es brutal, reflejan la tragedia, usan verso libre, queda una poesía más auténtica y emocionante.

Sobre esto hay cientos de artículos, libros, películas, documentales, poemas etc.

 

 

 

Joven para la muerte

Arrojado a tu luz madrugadora,
me muero niño y soy todo un deseo
de varón en continuo jubileo
hacia tu corazón de ruiseñora.

De trino escalador junto a la aurora
eres, y voy a ti, y hay un torneo
donde la algarabía del gorjeo
triunfa de mí y en mí se condecora.

Arrancados de un sueño o de una fuente,
por tu espada los límites del nardo
me mintieron temprana primavera.

Y estoy ahora por ti tempranamente,
como nadie, de amor herido, y tardo
en morirme de amor como cualquiera.

 

 

José García Nieto, poeta Garcilasista al servicio del régimen franquista.

 

 

 

Tormento del amor

Te amé, te amé, por tus ojos, tus labios, tu garganta, tu voz,
tu corazón encendido en violencia.
Te amé como a mi furia, mi destino furioso,
mi cerrazón sin alba, mi luna machacada.

Eras hermosa. Tenías ojos grandes.
Palomas grandes, veloces garras, altas águilas potentísimas...
Tenías esa plenitud por un cielo rutilante
donde el fragor de los mundos no es un beso en tu boca.

Pero te amé como la luna ama la sangre,
como la luna busca la sangre de las venas,
como la luna suplanta a la sangre y recorre furiosa
las venas encendidas de amarillas pasiones.

No sé lo que es la muerte, si se besa la boca.
No sé lo que es morir. Yo no muero. Yo canto.
Canto muerto y podrido como un hueso brillante,
radiante ante la luna como un cristal purísimo.

Canto como la carne, como la dura piedra.
Canto tus dientes feroces sin palabras.
Canto su sola sombra, su tristísima sombra
sobre la dulce tierra donde un césped se amansa.

Nadie llora. No mires este rostro
donde las lágrimas no viven, no respiran.
No mires esta piedra, esta llama de hierro,
este cuerpo que resuena como una torre metálica.

Tenías cabellera, dulces rizos, miradas y mejillas.
Tenías brazos, y no ríos sin límite.
Tenías tu forma, tu frontera preciosa, tu dulce margen
de carne estremecida.
Era tu corazón como alada bandera.

¡Pero tu sangre no, tu vida no, tu maldad no!
¿Quién soy yo que suplica a la luna mi muerte?
¿Quién soy yo que resiste los vientos, que siente las
heridas de sus frenéticos cuchillos,
que le mojen su dibujo de mármol
como una dura estatua ensangrentada por la tormenta?

¿Quién soy yo que no escucho entre los truenos,
ni mi brazo de hueso con signo de relámpago,
ni la lluvia sangrienta que tiñe la yerba que ha nacido
entre mis pies mordidos por un río de dientes?

¿Quién soy, quién eres, quién te sabe?
¿A quién amo, oh tú, hermosa mortal,
amante reluciente, pecho radiante;
¿a quién o a quién amo, a qué sombra, a qué carne,
a qué podridos huesos que como flores me embriagan?

 

Vicente Aleixandre, poeta de la Generación del 27.

 

Poema del Renunciamiento

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Pasarás por mi vida sin saber que pasaste.
Pasarás en silencio por mi amor, y al pasar,
fingiré una sonrisa, como un dulce contraste
del dolor de quererte ... y jamás lo sabrás.

Soñaré con el nácar virginal de tu frente;
soñaré con tus ojos de esmeraldas de mar;
soñaré con tus labios desesperadamente;
soñaré con tus besos ... y jamás lo sabrás.

Quizás pases con otro que te diga al oído
esas frases que nadie como yo te dirá;
y, ahogando para siempre mi amor inadvertido,
te amaré más que nunca ... y jamás lo sabrás.

Yo te amaré en silencio, como algo inaccesible,
como un sueño que nunca lograré realizar;
y el lejano perfume de mi amor imposible
rozará tus cabellos ... y jamás lo sabrás.

Y si un día una lágrima denuncia mi tormento,
-- el tormento infinito que te debo ocultar --
te diré sonriente: "No es nada ... ha sido el viento".
Me enjugaré la lágrima ... ¡y jamás lo sabrás!

 

 

 José Ángel Buesa

Noviembre sin ti

 

La tarde se aleja,
el cielo esta gris
la noche aparece sin ti,
callado en la playa
te lloro en silencio otra vez
 
Me ahoga esta pena
no puedo vivir
las olas no me hablan de ti
sentado en la arena
escribo tu nombre otra vez
 
Por que te extraño
desde aquel Noviembre
cuando soñamos juntos
en querernos siempre
Me duele este frío Noviembre
cuando las hojas caen
a morir por siempre..
 
Noviembre sin ti
es sentir que la lluvia
me dice llorando que todo acabó
Noviembre sin ti
es pedirle a la luna
que brille en la noche de mi corazón
otra vez.. otra vez..
 
Quisiera decirte
que quiero volver
tu nombre va escrito en mi piel
ya es de madrugada
te sigo esperando otra vez
 
Por que te extraño
desde aquel Noviembre
cuando soñamos juntos
a querernos siempre
me duele, este frío Noviembre
cuando las hojas caen
a morir por siempre...
 
Noviembre sin ti
es sentir que la lluvia
me dice llorando que todo acabó
Noviembre sin ti
es pedirle a la luna
que brille en la noche de mi corazón
otra vez.. otra vez..
 
Noviembre sin ti
es sentir que la lluvia
me dice llorando que todo acabó
Noviembre sin ti
es pedirle a la luna
que brille en la noche de mi corazón
otra vez.. otra vez..

http://reik.tv/home.php

 

 

 

Una canción llena de desamor

 

“Yo soy una persona más triste y solitaria, que tiende a quedarse en un rincón, soy mucho menos sociable y más introvertido de lo que la gente cree, porque la gente solo ve la caricatura del gilipollas del bombín”

Joaquín Sabina

 

Poesía española de posguerra I

 

¡Eternidad, hora ensanchada!

 

No cuando muera he de callar. Que, muerto,

 

el silencio inmortal será en mi boca,

 

pero lo haré estallar como a una roca

 

gigante, estando Dios al descubierto.

 

 

Con todo el tiempo –oh eternidad- abierto,

 

lo inasidero viendo que se toca,

 

¿cómo no ha de gritar mi rabia loca,

 

mi ansia de asir un sueño ya despierto?

 

 

Gritaré como grita Dios: hundido

 

en el silencio horrible de la vida,

 

en el clamor salido de la muerte.

 

 

Ábreme. Ábreme que vengo herido

 

y moriría, oh Dios, si por la herida

 

no saliese, hecha voz, mi ansia de verte.

 

J. R

Retratos de Machado y mío

LOS HIJOS DE LA MAR

Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla,
y un huerto claro donde madura el limonero;
mi juventud, veinte años en tierras de Castilla;
mi historia, algunos casos que recordar no quiero.

Ni un seductor Mañara, ni un Bradomín he sido
—ya conocéis mi torpe aliño indumentario—,
más recibí la flecha que me asignó Cupido,
y amé cuanto ellas puedan tener de hospitalario.

Hay en mis venas gotas de sangre jacobina,
pero mi verso brota de manantial sereno;
y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina,
soy, en el buen sentido de la palabra, bueno.

Adoro la hermosura, y en la moderna estética
corté las viejas rosas del huerto de Ronsard;
mas no amo los afeites de la actual cosmética,
ni soy un ave de esas del nuevo gay-trinar.

Desdeño las romanzas de los tenores huecos
y el coro de los grillos que cantan a la luna.
A distinguir me paro las voces de los ecos,
y escucho solamente, entre las voces, una.

¿Soy clásico o romántico? No sé. Dejar quisiera
mi verso, como deja el capitán su espada:
famosa por la mano viril que la blandiera,
no por el docto oficio del forjador preciada.

Converso con el hombre que siempre va conmigo
—quien habla solo espera hablar a Dios un día—;
mi soliloquio es plática con ese buen amigo
que me enseñó el secreto de la filantropía.

Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito.
A mi trabajo acudo, con mi dinero pago
el traje que me cubre y la mansión que habito,
el pan que me alimenta y el lecho en donde yago.

Y cuando llegue el día del último vïaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar.

Antonio Machado
.

SABEMOS LO QUE HABLAMOS

 

 

Mi infancia son recuerdos de un olivar de Castilla,

las setas mañaneras de la dehesa madrileña,

una teja que quería ser la ola de una orilla,

una higuera fructuosa y un remolque lleno leña;

 

una sultana, siempre sosteniendo el candelero

más tres patanes, que se convirtieron en hermanos

y un patrón,  siempre mitigando su tempero

igual a una familia formada por humanos.

 

Luego tuve un perro que escapó sin el campano *

y la vitalidad que administraba el mes de mayo,

disculpen si no recuerdo quién me daba la mano

ni cuándo debuté galopando mi caballo;

 

mas recuerdo mi presente afonía hecha añicos

y mi pobre corazón pudriéndose en desdicha,

bien sabían mis amigos que no andaba con ricos,

bien sabía mi oración que nunca iba a ser dicha.

 

Un yo-yó, que no hice saltar pero sí que intenté,

dos muñecas, la Barby derecha y la Nancy izquierda,

tres meses castigada todo el recreo de pie

por salir a brincar durante el comedor de mierda,

 

cuatro arañazos diarios por meterme en zarzamoras,

      la Mecana, la Casal, y la Estefan “in spanish”

me gustaban porque son grandiosas cantaoras,

aunque si me dan a elegir me quedo con Janis,

 

cinco metros separaban mi casa y donde estaban

los yonquis tras algún bolso o sentados al solazo,

seis ruidos, en total tranquilidad, me despertaban

e iba en busca de papá a llorar en su regazo.

 

Poco más, siete gatos, ocho arañas, nueve enanos,

Sabina, Rosendo, el daño que hacen las banderas,

Abenámar, Don Arnaldos y el Dios de los gitanos

fue todo cuanto “to be”, además de diez canteras.

  

Y entrelazaba en novillos guirnaldas de sativa,

aminorando el tiempo (sabemos lo que hablamos)

de acudir a misa, y la conciencia conflictiva

por malversar las pagas de los domingos de ramos.

 

Perdonen otra vez mi memoria adormecida,

no sé cuándo forjé esta coraza poco afable,

pero sí recuerdo muy profunda aquella herida

que nació y se alimentó en mi infancia deplorable.

 

 

                                                                                                                             

 

Flor-ka

 

 

Obra en marcha

¿Sabíais que Juan Ramón Jiménez robaba las primeras ediciones de sus libros en las bibliotecas para quemarlas? Hasta su último día de vida no dejó de corregir su obra.

Desnuda el alma

Antonio Machado nació en Sevilla en 1875, con ocho años se trasladó a Madrid, donde vivió su juventud, "La juventud del 98"; en 1907 obtuvo cátedra de Lengua Francesa y profesó en Soria, allí se casó, allí murió su musa, Leonor.

LXXVII

Es una tarde cenicienta y mustia,

destartalada como el alma mía;

y es esta vieja angustia

que habita mi usual hipocondría.

La causa de esta angustia no consigo

ni vagamente comprender siquiera;

pero recuerdo y, recordando, digo:

-Sí, yo era niño, y tú, mi compañera.

*

Y no es verdad, dolor, yo te conozco,

tú eres nostalgia de la vida buena

y soledad de corazón sombrío,

de barco sin naufragio y sin estrella.

Como perro olvidado que no tiene

huella ni olfato y yerra

por los caminos, sin camino, como

el niño que en la noche de una fiesta

se pierde entre el gentío

y el aire polvoriento y las candelas

chispeantes, atónito, y asombra

su corazón de música y de pena,

así voy yo, borracho melancólico,

guitarrista lunático, poeta,

y pobre hombre en sueños,

siempre buscando a Dios entre la niebla.

Hace más de setenta años que Machado murió en su duro exilio al Sur de Francia

No se conoce demasiado
La poetisa cubana Fina García Marruz, ganadora del VIII PREMIO GARCÍA LORCA
14/10/11

EFE /GRANADA La poetisa cubana Fina García Marruz (La Habana, 1923) ha sido galardonada con el VIII Premio Internacional de Poesía Ciudad de Granada Federico García Lorca, el de mayor cuantía económica (50.000 euros) en habla hispana en el apartado de poesía y que ha sido fallado esta mañana. El jurado, que ha deliberado durante algo más de una hora en el Carmen de los Mártires, ha resaltado el "tono reflexivo, intenso, apasionado en ocasiones" de la escritora, además de su "contención formal" y el "dominio de la expresión lingüística".

La galardonada, que destaca además por su labor investigadora sobre la literatura de su país, ha competido con otras 40 candidaturas, la mayoría de ellas también de poetas latinoamericanos.

El portavoz del jurado y catedrático de Literatura de la Universidad de Granada, Álvaro Salvador, ha señalado que García Marruz, cuya obra "no se conoce demasiado" en España, formó parte junto a su esposo Cintio Vitier del grupo de poetas de la revista Orígenes, que alentó la resistencia cultural cubana. Ha apuntado que su premio se adecúa "muy bien" al espíritu del certamen, puesto que "de algún modo" ese grupo tuvo conexión directa con Federico García Lorca y Juan Ramón Jiménez, que representan "lo mejor" de la poesía neopopularista española.

El jurado ha destacado asimismo que García Marruz es "uno de los grandes nombres de la literatura cubana del siglo XX" y una de las voces "más representativas" de la poesía hispanoamericana, por lo que ya fue galardonada en abril de este mismo año con el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana.

Su poesía ha sido traducida a varios idiomas y figura entre otras antologías en la titulada Carmen Conde: Once grandes poetisas hispanoamericanas (1967) y en la de Margaret Randall: Breaking the silence (1982).

García Marruz es autora entre otros de Las miradas perdidas (1951), Viaje a Nicaragua, con Vitier (1987), Créditos de Charlot (1990) por el que recibió el Premio de la Crítica en 1991, Los Rembrandt de l´Hermitage (1992) o Habana del centro (1997).

Posiblemente el mejor poema del mundo

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Escribir, por ejemplo: "La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos."

El viento de la noche gira en el cielo y canta.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.

En las noches como esta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.

Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.

Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.

Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche esta estrellada y ella no está conmigo.

Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.

La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.

De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.

Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.

Porque en noches como esta la tuve entre mis brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.

Aunque este sea el ultimo dolor que ella me causa,
y estos sean los últimos versos que yo le escribo.

 

La Despedida
Te digo adiós y acaso te quiero todavía
Quizás no he de olvidarte... Pero te digo adiós

No sé si me quisiste... No sé si te quería
O tal vez nos quisimos demasiado los dos.....
Este cariño triste  apasionado y loco
Me lo sembré en el alma para quererte a ti.

No sé si te amé mucho... No sé si te amé poco,
Pero si sé que nunca volveré a amar así.....
Me queda tu sonrisa dormida en mi recuerdo
Y el corazón me dice que no te olvidaré.

Pero al quedarme solo... Sabiendo que te pierdo,
Tal vez empiezo a amarte como jamás te amé......
Te digo adiós y acaso con esta despedida
Mi más hermoso sueño muere dentro de mí.

Pero te digo adiós para toda la vida,
Aunque toda la vida siga pensando en ti..

JOSE ANGEL BUESA "El Poeta enamorado"
Cuba 1910 - Sto. Domingo 1982
Trampa al corazón (Canción III)

Trampa al corazón

 

Recuerdo el primer día

que entraste en mi vida

con esa forma tuya de mirar.

 

Ese beso en la nuca de las diez

y ese guiño gracioso con café.

 

Me enfado porque tengo que aceptar

que aquel tiempo pasó

y ya no volverá.

 

Presiento que tu alma se aleja de la mía

y estando frente a ti no te puedo encontrar.

 

Te siento tan ausente que más sola

 me encuentro contigo que sin ti.

 

¿Aun recuerdas cuando me pedías

que te dedicara una canción?

Dime si la quieres todavía

y si quieres la verdad

yo te la cuento:

 

Siento

 que he vivido equivocada,

yo pensaba

que sería tan fácil no pensarte;

pero, en esta fría madrugada

me parece tan difícil no abrazarte.

 

Querías tu canción y aquí la tienes,

dentro del estribillo va mi corazón,

puedes cuidarlo o puedes ignorarlo,

todo lo que él sentía era un error.

 

 

 

Y se

que a ti te debo mil disculpas

pero esta noche busco mi perdón

por haber hecho una estafa de mi vida

y una trampa al corazón.

 

Y se

que a ti te debo mil disculpas

pero esta noche busco mi perdón

por haber hecho una estafa de mi vida

y una trampa al corazón.

 

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Flor-ka